Partimos de tu situación, no de una dieta estándar
Antes de proponer cambios, la doctora revisa tus antecedentes, hábitos, medicación y objetivos. Se solicita una analítica inicial y se establecen las primeras pautas.
Las recomendaciones tienen que poder trasladarse a tu vida: comidas en casa, jornadas laborales, salidas y organización familiar. En consulta se trabaja cómo adaptar el plan a ese contexto.
Tu apetito también tiene espacio en la consulta
Puedes comentar cómo llevas las pautas, si tienes hambre, si te cuesta organizar las comidas o qué situaciones te resultan difíciles. Esa conversación forma parte del seguimiento y permite a la doctora valorar los ajustes.
La intención es aprender una forma de comer que puedas llevar a tu vida. No se garantizan ausencia de hambre, cantidades ilimitadas ni pérdidas de peso concretas.
Las revisiones son parte del tratamiento
Cada semana se valora la evolución y se ajustan las pautas cuando procede. Puedes hablar de las dificultades sin convertir cada visita en un examen de lo que has comido.
El objetivo de peso no lo decide una calculadora. El IMC y la cintura aportan referencias, pero deben interpretarse con la valoración de la persona.
Medicación solo si corresponde
No necesitas un tratamiento farmacológico para entrar en el programa. Si la doctora considera que puede estar indicado, te explica las opciones, las precauciones y el coste antes de decidir.
No se garantizan pérdidas concretas ni resultados en una fecha determinada. El acompañamiento se adapta a la evolución.